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27/10/2011

Participación de la mujer en la historia de la medicina Desde la Antigüedad al siglo XIX

Nunca se sabrá a ciencia cierta, cómo y cuando nació la práctica médica, pero se sugiere que, como los fundamentos de la medicina se centran en el servicio a los demás y el cuidado de la salud, la práctica médica podría haber surgido cuando un primitivo antepasado al ver a un ser querido herido, se detuvo a ayudarlo y lo mantuvo con él para poder cuidarlo hasta que este estuviera sano nuevamente.

Como esto, también es difícil identificar el momento en el cual afloró al mundo la primera mujer médica, es por eso, que es necesario comprender que las mujeres desde el inicio de la historia formaron parte de las curaciones, en su forma física o como deidades a las que adoraban como fuente de vida, poder y sabiduría. Por ejemplo, en la cultura Sumeria, hasta el año 2000 a.C, las mujeres participaban en actividades sagradas y, si estaban solteras, podían actuar como sacerdotisas-sanadoras. También en la cultura Egipcia se reconocía a la mujer como recolectora y descubridora de las propiedades medicinales de las plantas, contando además con su asistencia a otras mujeres en el parto. A pesar de esto, en la antigua Atenas existió durante varios años una ley que prohibía a toda mujer el ejercicio de la medicina e inclusive prácticas como la obstetricia.

Se sabe de una mujer en particular llamada Agnodice, que ante este impedimento se disfrazó de varón y fue a estudiar medicina y obstetricia con Herófilo de Calcedonia, famoso médico y anatomista de Alejandría. Cuando volvió a Atenas, todavía disfrazada de hombre, ejerció la medicina con éxito entre las mujeres de la aristocracia. Con la prestación de sus servicios, Agnodice le quitaba una importante parte de las ganancias a los demás médicos, entonces estos se confabularon en su contra acusándola de ilícitas intimidades con el otro sexo. Al comparecer ante la autoridad de esa época, Agnodice reveló entonces a los jueces que era mujer. Al saber eso, la acusación cambió, ya nada tenía que ver el cargo por violación, en cambio la condenaron a la pena de muerte, debido a que había violado la prohibición de ejercer la medicina siendo mujer.

Las mujeres de la ciudad se presentaron ante los jueces y amenazaron con morir con ella si era ejecutada, y gracias a esa resistencia Agnodice continúo con vida.

En Roma, mucho tiempo después, las mujeres fueron aceptadas como médicas, pero lamentablemente, en los años siguientes a la caída del Imperio Romano se recrudecería el ya difícil panorama para la mujer como sujeto social. Durante el período feudal, la religión representó el factor dominante del pensamiento, de modo que los estudios sobre la sociedad y también sobre la medicina tuvieron un profundo carácter religioso. La educación médica dejó de ser laica y los interesados en la práctica médica debían tomar los hábitos monásticos, lo cual alejó a las mujeres de la medicina radicalmente. En el ámbito doméstico o los conventos, la mujer seguía ayudando en el parto y cuidando de los enfermos, pero sólo con una función caritativa y de segundo plano.

Hacia los siglos XII y XIII, la medicina se convirtió en una disciplina que necesitaba, para su ejercicio, que el profesional tuviera una educación universitaria. Sólo en algunas universidades de Italia se siguieron admitiendo algunas mujeres, en el resto de Europa tenían vetada la entrada. Así, encontramos el caso de Jacoba Felicia, de origen florentino, denunciada por la facultad de medicina de la universidad de París en 1322 por ejercer ilegalmente la medicina. En efecto, desde 1220 sólo podían ejercer la medicina los miembros de la facultad, y únicamente los hombres solteros podían tener tal condición. Los hombres casados lograban ejercer estudiando con un maestro. Felicia estudió asimismo con un maestro, pero fue perseguida y aunque pagó varias veces sus multas y fue absuelta, finalmente perdió su batalla ante los tribunales. No se la acusaba de incompetencia, sino de atreverse a curar y a aplicar las técnicas y procedimientos de los doctores varones, siendo mujer. Tras ser multada y amonestada se le permitió seguir practicando la medicina de forma limitada y sin recibir remuneración alguna.

Muchas mujeres que curaban fueron perseguidas y asesinadas en esa época. Como las mujeres no podían asistir a las universidades ni formarse con un maestro aparte, si ellas poseían los conocimientos necesarios como para sanar a alguien, se creía que estas a través de un pacto con el diablo, habían adquirido esas capacidades. Ya en el siglo XVI, se aprobó una ley que permitía a las mujeres practicar la medicina, pero solo entre los pobres, pacientes que no interesaban a los escasos doctores licenciados. A pesar de las prohibiciones y la imposibilidad de acceder a las universidades y las corporaciones profesionales, las mujeres seguían ejerciendo la medicina y siendo de gran utilidad a los enfermos de sus comunidades, especialmente entre las clases menos favorecidas, que constituían la mayor parte de la población. Sin importar los impedimentos, a lo largo de la historia se encontraron escritos de diferentes mujeres con colaboraciones importantes a la medicina, sobre todo en obstetricia y ginecología.

Las universidades estuvieron cerradas para las mujeres hasta la segunda mitad del siglo XIX, hasta ese entonces muchas mujeres tuvieron que estudiar a escondidas o hasta disfrazarse para poder acceder a esos saberes. Tal es el caso de James Barry (1797-1865), un supuesto oficial médico del ejército británico. Fue reconocido durante 50 años como un cirujano respetable, hasta que luego de su muerte la autopsia reveló que era mujer. El departamento de guerra inglés y la asociación médica quedaron tan confundidos que el hallazgo no se divulgó y el doctor Barry fue enterrado oficialmente como hombre.

La primera mujer graduada oficialmente en medicina fue Elizabeth Blackwell. Antes deser admitida por el Geneva Medical College (New York), había presentado su solicitud en todas las universidades de New York y Philadelphia. La universidad, suponiendo que nunca acordarían aceptarla, sometió a votación su solicitud por parte de los alumnos, los cuales eran todos hombres. Estos en forma de broma votaron positivamente y aunque luego al ver el resultado estuvieron en desacuerdo, Blackwell ganó la admisión. El 11 de enero de 1849 se convirtió en la primera mujer en recibir el título de doctora en Estados Unidos. A pesar de su logro, le aconsejaron dedicarse a la homeopatía y dejar de lado la práctica de la medicina oficial. Elizabeth hizo caso omiso a aquellas sugerencias y ejerció la medicina hasta el año 1870 cuando su saludcomenzó a dificultarle la práctica. Sin embargo, nunca dejó de luchar por una reforma y una igualdad de oportunidades para la mujer en la medicina.

 

 

Fuentes consultadas:

 

Alberts Lyons y R. Joseph Petrucelli, Historia de la medicina, Barcelona, Ediciones Doyma, 1980.

Pedro Laín Entralgo, Historia Universal de la Medicina, tomo II, Antigüedad Clásica, Barcelona,

Salvat Editores, 1972.

Pilar Iglesias Aparicio, tesis doctoral “Las pioneras de la medicina en Gran Bretaña”, Universidad de

Málaga, 2003.

Rodríguez Cabezas, Rodríguez Idígoras y Rodríguez Idígoras, Mujeres en la medicina,

Málaga, Grupo Editorial 33, 2006.

 

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